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Opinión Miércoles 30 de Agosto de 2000
TORRE Defensa de los
hongos Los hay antinarcóticos, rejuvenecedores, los que son 'bocado de
cardenal' y... los alucinógenos. POR D'ARTAGNAN
Está claro: por lo que requeteha escrito Daniel Samper, el Fusarium
oxysporum es un hongo venenoso y con toda suerte de consecuencias
letales, si de fumigar se trata los cultivos de cocaína y heroína que los
Estados Unidos pretenden acabar a través del Plan Colombia. ¡Cuidado con
los hongos!, dice Dionisio de la Viña en su Vademécum del buen
gastrónomo, una joya bibliográfica que ni siquiera se consigue en El
Carnero. Y añade que la Amanita phaloidea, la Amanita citrina
y la Amanita primaveral son tan refinadamente traidoras que no
producen síntomas de intoxicación sino hasta diez o doce horas después de
haberse ingerido, es decir, cuando ya no hay tiempo para combatir sus
efectos. Para no hablar de la Amanita matamoscas, la Amanita
pantera o la Falsa naranja cuando, después de comerlos, "se
hace una mohína", según los mexicanos.
Mas tampoco puede ser que esta arremetida explicable y feroz contra el
hongo gringo -u hongo Frankenstein - comience a crear cierta mala
atmósfera hacia lo que hoy se consideran como una de las mejores proteínas
vegetales, cuando son hongos buenos. Colombia no es, en efecto, país muy
afiebrado a este delicioso alimento, y salvo los champiñones
tradicionales, que se consiguen en Carulla y Pomona, resultan escasas las
variedades ofrecidas. Apenas empieza a existir limitada demanda por las
setas, pero sin duda nos estamos perdiendo de uno de los más deliciosos
manjares que, de paso, nuestros restaurantes poco recomiendan. Hace años
había un plato memorable en el menú del hoy desaparecido Hotel
Continental: los famosos hongos trifolados. Y salvo los que sirve
Salinas, al ajillo, o Le Poivre, con queso gruyere, los hongos en Colombia
son más o menos despreciados, cuando podrían convertirse incluso en un
buen cultivo alternativo, independientemente de su capacidad nutricional.
Lástima, pero ya es hora de establecer una contracultura honguífera,
como sustituto no solo de yerbas narcóticas sino de otros alimentos que
resultan más costosos para la canasta familiar. En los propios Estados
Unidos existe una variedad denominada Portobello: unos hongos mucho
más sabrosos y carnudos que nuestros champiñones habituales. Y también se
consigue el hongo chino (mejor llamado 'oreja de elefante' , para que lo
sepa Osuna), negro y de apariencia poco atractiva, pero muy común en las
distintas recetas de platos orientales, y además exquisito; al igual que
el straw-mushroom, un champiñón pequeño con cabecita propia a
manera de paraguas, más tierno y sin duda halagador a las papilas
gustativas. Por cierto, ¿existirá el hongo japonés? Eso habrá que
preguntárselo al señor Ono, del Hatsuhana.
Pero, además, con los hongos -los buenos hongos, Daniel -, existe el
fantástico procedimiento de secarlos, como con el shitake o la
morilla francesa, inmejorables en una buena pasta. Y ello para no comenzar
a mover los jugos gástricos soñando con un revuelto de perrochicos, otro
pequeño hongo salvaje que solamente sale en primavera y cuyo plato huevero
lo preparan formidablemente en el restaurante Domine Cabra, de Madrid
(Huertas 54, para los interesados).
Esto para rendirle homenaje último a la trufa, que no es ningún
tubérculo o raíz, según algunos creen, sino un hongo que, como rey
encastillado en su palacio, permanece bajo tierra, sin salir a la
superficie, comprendiendo seguramente que, a poco de asomarse, la
concupiscencia del hombre no le permitiría disfrutar mucho tiempo de la
luz del sol. Desde luego, las buenas trufas, como los buenos vinos, se han
de buscar en Francia, pues no hay trufas como las del Périgord, que tanta
fama han dado a esta región. La bendita tierra del Périgord, patria de
Cirano y del coñac(*).
O para decirlo en cristiano: la trufa es, en materia de hongos
selectos, inversamente proporcional al veneno sublime del Fusarium
oxysporum, que los gringos nos quieren meter por liebre. De ahí la
sabrosa textura afrodisiaca de esa trufa negra que, casi a manera de
regalo, los franceses introducen en su paté de foie, para untarlo a
un pan recién tostado y acompañarlo con un buen vino Sauternes.
Todo ello para no adentrarnos en el terreno de los hongos alucinógenos,
tema en el que Mauricio Pombo debe ser todo un experto, por las bobadas
que dice cada vez que se inspira para hacer su columna. Por cierto, Pombo:
dicen que los mejores los cultivan a orillas del río La Miel... Un datico
que, de seguro, a usted le interesará.
(*) El libro del buen comer. Dionisio de la Viña. Editorial
Nueva España.
Aún quedan cuatro personas víctimas, hace más de 463 días, del
secuestro del avión de Avianca. ¿Hasta cuándo?
EDITORIAL Entre la guerra y la paz
En
medio del ajetreo por la visita del presidente Bill Clinton, han pasado
relativamente desapercibidos dos hechos muy significativos para el proceso
de paz colombiano. Se trata, por una lado, de las recientes declaraciones
del subsecretario estadounidense para Asuntos Políticos, Thomas Pickering,
en el sentido de que el componente militar del Plan Colombia podría ser
replanteado si las negociaciones con las Farc avanzan positivamente. Este
importante mensaje coincide con la propuesta de cese del fuego y
erradicación manual de los cultivos ilícitos que ha formulado una amplia
gama de organizaciones sociales, empresariales, eclesiásticas y
académicas. Más
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POLÍTICAS DE
"SEGURIDAD" La sociedad
sitiada Mientras que la inseguridad rasga lo que queda del tejido social,
el Estado se revela incapaz para resolver el problema. POR PEDRO
MEDELLÍN TORRES Más
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